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Goya en la Casa de Colón

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Volaverunt-4
27enero

Imprescindible, abierta hasta el 1 de marzo

La muestra podrá disfrutarse en la Casa de Colón y podrá verse hasta el 1 de marzo, de lunes a viernes, de 10.00 a 21.00 horas; sábados, de 10.00 a 18.00, y domingos y festivos, de 10.00 a 15.00 horas.

 ‘Los Caprichos’, que llega a Gran Canaria incluye ochenta grabados (la serie es la quinta de las doce existentes, habiendo sido estampada por la Calcografía Real entre 1881 y 1886 para la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando) realizados por el genial artista español, una de las figuras más trascendentales de la Historia del Arte.

Las obras, que por vez primera en Canarias se muestran a la ciudadanía de manera completa, constituyen una de las grandes colecciones de la pintura universal y representan una sátira de la sociedad española de finales del siglo XVIII. Además, se agrupan en cinco secciones temáticas: El sueño de la razón, La religión, La educación, El matrimonio y La prostitución.

‘Los Caprichos, pintados en 1799 por el artista, tras ser nombrado Primer Pintor de Cámara, anticipan estéticamente la sensibilidad moderna y el desplazamiento hacia un arte dominado por la subjetividad y la libertad creativa. Sería la primera de las cuatro grandes series de Goya, cuyo conjunto estuvo censurado durante gran parte del siglo XVIII por poner de relieve los excesos del clero y la nobleza, en una época próxima a la desaparición del Antiguo Régimen.

La serie estuvo a la venta tan sólo catorce días en una tienda de perfumes y licores de la calle del Desengaño de Madrid, muy cerca del domicilio del artista. Tras perder el poder Godoy y los ilustrados, la Inquisición podía tomar medidas contra Goya que, atemorizado, retiró la serie tras haber vendido sólo 27 ejemplares. En 1803, decidió ofrecer las planchas y los 240 ejemplares disponibles al rey Carlos IV, con destino a la Real Calcografía, a cambio de una pensión vitalicia de doce mil reales anuales para su hijo Francisco Javier.

‘Los Caprichos’ pueden dividirse en dos partes bien diferenciadas. En la primera, se critica desde la razón, y, en la segunda, desde el absurdo, creando unos grabados fantásticos que sirven para denunciar los abusos sociales. Es, en esta última parte, donde Goya se sirve de recursos de la caricatura italiana, las facciones de los protagonistas están exageradas y en algunos casos añade rasgos de animales a los rostros para resaltar los vicios y las  torpezas humanas. Utilizó las técnicas del aguafuerte y el aguatinta, apoyando la ejecución de bastantes grabados con el buril y en ocasiones con la punta seca.

Goya consiguió que esta original serie tuviera, además de un valor artístico indiscutible, un sentido didáctico y una transcendencia universal.

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